
Fabiana Alonso
no golpees,
ahora he partido
dulce sombra, la noche es grande
áspera tinta del mal ajeno
sobre la carretera no había luna,
única guía una luz delante del autobús,
la luz que lo da todo y lo arrebata
me tomó la quietud del atardecer en una estación,
no golpees,
que esa nube suba, como sube el sueño y el llanto.
no te lamentes por mí,
podemos recordar frente al fuego,
los rostros de los perdidos que quisimos y que nos quisieron
ya somos arena de insomnio
y espanto,
ya somos el golpe de la piedra que caerá lejos
en el mismo sitio donde la había perdido.
pero no voy a buscarla,
la hierba es nueva. el miedo aparece en las sábanas
húmedas, junto con la primera estrella
huésped,
espina ínfima de la leña.
Anochecer en San Marcos, 2010
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Gallo 565
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